EL PERFIL DE FRENTE (1924)
Alejandra Monterroso
Universidad Internacional de la Rioja (UNIR)
Juan Luis Velázquez (1903-1970) nació en Ayabaca –ubicado en la sierra piurana–, creció en el entorno de una familia acomodada y fue educado, primero, en el colegio Salesiano de Piura, y luego en La Inmaculada de Lima. En cuanto a su educación superior, la realizó en San Marcos, donde destacó defendiendo una tesis particularísima sobre Jorge Manrique.
No es arbitrario señalar esta característica singular vinculada a la producción intelectual en Velázquez. Sobre todo, cuando se hace vigente mencionar el contexto donde germina su primera obra: El perfil de Frente. La particularidad es constitutiva a Velázquez tanto en la manifestación de un gesto que parece anecdótico: la tesis que defiende lleva el nombre de “Jorge Manrique, sus coplas y yo [énfasis añadido]” (Velázquez Rojas, 1995, p. 12); como lo es, andando el tiempo y como gesto de mayor relevancia, su primera obra artística.
El perfil de frente es una “obra tempestiva”, como lo apunta Luis Alberto Sánchez (señalado en Monguió, 1954), donde la apropiación de los diversos espacios desplegados en el libro –el espacio físico y textual– configuran espacios emocionales que Velázquez desea perennizar, como la niñez o el amor, para negar la muerte. Como ya se mencionó, diversos espacios confluyen en el poemario de Velázquez. El espacio físico, que desde la teoría general de la relatividad de Einstein niega la existencia de una realidad única dentro de un espacio absoluto, y el espacio textual, son apropiados por el sujeto poético a través del recurso retórico de la ironía.
Tempestiva por oportuna, El perfil de frente se publicó en 1924, dentro del primer periodo vanguardista que va desde 1918 hasta 1925 (Monguió, 1954, p. 78). –extensión temporal donde destacan: la aparición de Trilce, el vanguardismo de Hidalgo y la publicación de la revista Flechas. Asimismo, se inserta de modo coherente en el movimiento de época desde el trabajo formal y temático: en lo concerniente a la forma, el texto se posiciona casi al final del margen inferior del papel, y destaca semánticamente algunas palabras a partir del uso de mayúsculas y el espacio entre las letras. En lo concerniente al tema, El perfil de frente inserta palabras propias de la modernización de principios del S. XX como Fiat-Lux o tren, y tiene –lo que es más relevante– la aguda conciencia matemática del espacio (Lauer, 2003, p. 68).
Ya sea desde el título, o en los versos: “Nosotros, los / malditos benditos en / nuestro infierno cielo / según el cóncavo convexo / de nuestro vivir” (Velázquez, 1924, p. 17); o también en: “Aun en tu ausencia tu presencia es sin negativación. MADRE” (Velázquez, 1924, p. 40); o, por último: “Que soledad sin soledad siquiera. // Qué trincheras tan altas sin altura / contra quien jamás le hiere el plomo.” (Velázquez, 1924, p. 76); la ironía (Rorty, 1991), se propone en la contraposición de dos ideas que chocan por opuestas.
Como resultado, quien utiliza la ironía (Rorty, 1991) evita posicionarse en una realidad estable o racional –según los dictados factuales de la matemática. Más que extravagancia, la función que cumple la ironía en El perfil de frente responde a un carácter de autocreación del sujeto poético que niega constreñirse dentro de un espacio definido. El sujeto, es pues, nominalista, y entiende el espacio como un texto desde donde puede encontrar un espacio liberador siempre y cuando niegue las imposiciones de la realidad y entronice el sentimiento, el carácter de excepcionalidad que posee cada ser humano. De este modo, el espacio emocional, donde la niñez y el amor siempre se idealizan, se hace perenne, y se contrapone a la muerte: “Cuando vengan a buscar / para llevarte al Olvido / yo, contento diré, no, no, / aquí no ha muerto nada. NADA.” (Velázquez, 1924, p. 59).
Pensando en la muerte como Manrique, pero repensándola desde la vitalidad de quien se cree en la capacidad de negarla, Velázquez dialoga con la tradición y con su tiempo: con singularidad. Destaca de sus contemporáneos en la medida que dialoga con la modernidad no solo desde lo más superficial –menciones llanas a trenes o Fiat-Lux–, sino que, de modo substancial, se sumerge en el horizonte científico de su época para desarrollar un discurso liberador.
Bibliografía
Lauer, M. (2003). Musa mecánica.Máquinas y poesía en la vanguardia peruana. Instituto de Estudios Peruanos.
Monguió, L. (1954). La poesía postmodernista peruana. University of California Press.
Rorty, R. (1991). Contingencia, ironía y solidaridad. Ediciones Paidós
Velázquez, J. (1924). Perfil de frente. Imprenta Garcilaso.
Velázquez, M. (1995). Juan Luis: el poeta incomunicado. El Último Jueves: Asociación Cultural y Humanística.
