Hacia una poética de la revolución y del proletariado en Radiogramas del Pacífico (1927) de Serafín Delmar
Carmen Aurora Alvarez Cucho
Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)
Serafín Delmar (Huancayo, 1901- Santiago de Chile, 1980), cuyo verdadero nombre era Reynaldo Bolaños, fue el modelo de intelectual comprometido en la década de 1920, cuando el contexto social y cultural peruano estaba en tránsito hacia la modernización y bajo el gobierno dictatorial de Augusto B. Leguía. En este sentido, Delmar es considerado como una figura como revolucionaria, vanguardista y rupturista, quien tuvo un gran interés por participar activamente en la esfera social y política —a través de la escritura y su afiliación al partido aprista (APRA)— con ideales de lucha, revolución, a favor de los derechos del proletariado (obrero), el campesinado y el indio. De esta manera, se convirtió en uno de los precursores de la literatura social, sin dejar de lado la influencia vanguardista, especialmente del futurismo, dadaísmo y estridentismo.
En 1924, dirigiría junto a su hermano Federico la revista Flechas, la cual estaba orientada al vanguardismo. En ese periodo conoció a la célebre escritora e intelectual Magda Portal, quién se convertiría en su compañera sentimental y de escritura, pues ambos escribirían un libro de cuentos dos años después, El derecho de matar. Al año siguiente, ambos viajarán a Bolivia, La Paz, para dictar conferencias y publicar en el diario Bandera Roja. En 1926, publicaría su primer poemario Los espejos envenenados y, en 1927, Radiogramas del Pacífico, en a la editorial Minerva.
Sus convicciones políticas, a contrapelo con el discurso oficial de turno, le valieron años de exilio hacia Cuba y México, persecución política y encarcelamiento; en casi la mayoría de estos hechos, Portal lo acompañó. A pesar de todo estos sucesos fatídicos, el autor pudo sobreponerse, pues siguió publicando sus textos y colaborando con otros intelectuales, como José Carlos Mariátegui, participando en su revista Amauta En 1930, fundó la revista del partido y el diario La Tribuna.
En 1932, sería apresado al ser acusado de ser el autor intelectual del magnicidio del presidente de ese momento, Luis Sánchez Cerro. Luego de su liberación, debido a un indulto, publicó los siguientes libros: Sol, están destruyendo a tus hijos (1941) y La tierra es el hombre (1942), ambas ediciones en Buenos Aires. Asimismo, su crónica Diario íntimo de un condenado (1940) y su poemario El año trágico (1940). En 1942, dejó el partido aprista y terminó su vínculo con Magda Portal, con quien tuvo una hija. Poco después de publicar sus libros, desaparecería del panorama literario, mudándose a Chile y dedicándose a otro oficio hasta su muerte, pasando al olvido.
Para esta reseña, se va a analizar Radiogramas del Pacífico, texto imprescindible para comprender la vanguardia peruana y uno de los más importantes de su obra, donde expone su visión del mundo. Cabe destacar que el poemario cuenta con ilustraciones acorde con la estética vanguardista y de compromiso social.
De acuerdo con Mirko Lauer (2023), en la década de 1920, el país atravesaba una serie de cambios importantes tanto a nivel social, político y económico, como las reformas universitarias y las condiciones laborales del proletario, por un lado; mientras que se incorporan avances tecnológicos. Por ejemplo, los ferrocarriles, el cine, la radio, entre otros, los cuales representan la modernización del país. El crítico literario Carlos García Bedoya (2012) sostiene que hay dos tipos de vanguardias peruanas: el vanguardismo cosmopolita y el vanguardismo regionalista; el primero se vinculaba con los ismos europeos (futurismo, dadaísmo), enfocado en las grandes ciudades; mientras que el segundo, estaba comprometido con las causas sociales: el indigenismo, el campesinado, los derechos de las mujeres y las clases explotadas-marginadas.
Entre ambas vanguardias se encuentra este poemario, el cual sintetiza este espíritu de lucha, la presencia de la ciudad y la naturaleza en contraste (el mar), la incorporación de la máquina y avances tecnológicos como el cine, la reivindicación de los derechos de la clase obrera, la importancia de la figura de la madre y la modernización percibida como peligro. Este proyecto de escritura de Delmar, el cual vale decir que tiene un enfoque político y se complejiza en el resto de su obra, no solo destaca a la clase proletaria, sino que hay una búsqueda de identidad del sujeto americano, desde la naturaleza y en tensión con la modernidad, a la cual parece rechazar, con un espíritu combativo.
En «Poema rural», la voz poética asocia a la madre con la revolución, desde el vientre, pues lo femenino se asocia con la tierra, el campo, el espacio rural y el grito de libertad. También se vincula a que la mujer es la única que puede dar a luz a hijos que harán la revolución y, por tanto, dan nacimiento a un nuevo orden social, una conciencia combativa y que quiere la libertad. Cabe destacar que las mujeres por muchos siglos han sido oprimidas y marginadas de la esfera pública, siendo relegadas al rol doméstico. Este ideal, precisamente, va en contra de este sistema patriarcal, pues coloca a mujer en el foco político, «EL GRITO DE LA REVOLUCIÓN/agitado desde el vientre de la mujer/ (madre: no te duele mi recuerdo?) /somos hombres de Suramérica procreados en el Perú/prendido/el dolor en la cara hasta podernos arrancar» (Delmar, 1927, p. 7). En este verso, lo femenino se relaciona con el dolor y, al mismo tiempo, con la tierra, las raíces y la memoria; la búsqueda de identidad y libertad del hombre suramericano.
En el poema «El dolor de la mujer al parir un hijo para la fábrica», como su mismo nombre indica, se cuestiona cómo la mujer debe dar a luz a hijos que serán explotados por el engranaje capitalista; es decir, la explotación de la clase obrera y proletaria. Aquí, el dolor se asocia no solo al acto de parir, sino de saber el destino de sus hijos, donde incluso las máquinas compiten en productividad contra los obreros. Este es el origen del hombre emigrante, quien solo quiere libertad, es decir, revolución: «solo fuerte i proletario/apretándose en los sentidos el único/recuerdo antes que la madre:/REVOLUCION/cuya juventud llorada en los pitos/crece un derecho: ‘el derecho de matar’» (Delmar, 1927, p. 18). Resulta interesante el último verso, ya que, por un lado, sería el título del libro que escribió con Magda Portal hace un año; y, por el otro lado, debido a que es la única libertad que tiene el hombre alienado y explotado, que no tiene derechos laborales y vive de la precariedad, de un sistema capitalista.
Entre los poemas más importantes de la obra se encuentran:«Poema bolchevique», se alabará a Rusia y la juventud, con influencia del futurismo, en «El puerto», tiene un sentido más creacionista y existencial sobre la muerte; en «A Magda Portal», le dedica un poema de amor a la escritora, su amiga y compañera de lucha; y, en «La emoción en un ómnibus y los trasatlánticos fumadores», se resume la propuesta estética, vanguardista y de compromiso social del autor. En este poema se pone en tensión la modernidad y lo que implica —la incorporación del cine, la radio, el trasatlántico— frente a este sujeto que se resiste a aceptar y describe la tristeza de esta influencia, percibida en los pasajeros, en parte cosmopolita y occidental en su viaje por el Pacífico.
Por todo lo expuesto, consideramos que Delmar es una figura clave dentro de la vanguardia literaria peruana al poner en el foco temas sociales y comprometerse con ellos.
Bibliografía
Delmar, S. (1927). Radiogramas del Pacífico. Minerva.
García Bedoya, C. (2012). Indagaciones heterogéneas. Estudios sobre cultura y literatura. Pakarina, CELACP y Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.
Lauer, M. (2003). La musa mecánica. Instituto de Estudios Peruanos.

