VANGUARDIA, FEMINIDAD Y POLÍTICA
Héctor Omar Escobar Tapia
(Pontificia Universidad Católica del Perú)
Cuando en 1927 Magda Portal (Lima, 1900-1989) publica su poemario, Una esperanza i el mar, se inicia una nueva etapa de la literatura en el Perú y en Latinoamérica: la vanguardia. Ese mismo año, César Vallejo (1892-1938) publica en la revista Variedades un artículo muy crítico frente a las nuevas ideas: “Casi todos los vanguardistas lo son por cobardía o indigencia. Uno teme que no le salga eficaz la tonada o siente que la tonada no le sale y, como último socorro, se refugia en el vanguardismo. Allí está seguro” (Vallejo, 1927). Surge entonces una pregunta: ¿cómo es posible celebrar, en un mismo contexto, a Magda Portal como la primera poeta de vanguardia y, al mismo tiempo, desde la poesía, criticar la idea de vanguardia?
Un año después, José Carlos Mariátegui (1894-1930) publica los Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana. En el capítulo El proceso de la literatura, el Amauta afirma sobre Magda Portal:
Es ya otro valor-signo en el proceso de nuestra literatura. Con su advenimiento le ha nacido al Perú su primera poetisa. Porque hasta ahora habíamos tenido solo mujeres de letras, de las cuales una que otra con temperamento artístico o más específicamente literario. Pero no habíamos tenido propiamente una poetisa (Mariátegui, 1928).
Mariátegui propone aquí algo decisivo: Portal es la primera poetisa del Perú, y ser primero significa estar a la vanguardia. Además, el Amauta precisa en qué consiste esa novedad: “En nuestra época, las mujeres ponen al fin en su poesía su propia carne y su propio espíritu” (Mariátegui, 1928). En este último punto, el Amauta hace referencia a un poema que fue incluido en El Proceso de la Literatura, último capítulo de Siete Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana:
¡Ven, bésame!
¿Qué importa que algo oscuro
me esté royendo el alma
con sus dientes?
Yo soy tuya y tú eres mío bésame
No lloro hoy Me ahoga la alegría
una extraña alegría
que yo no sé de dónde viene
Tú eres mío ¿Tú eres mío?
Una puerta de hielo hay entre tú y yo:
¡Tu pensamiento!
Eso que te golpea en el cerebro, y cuyo martillar
me escapa…
Ven, bésame ¿Qué importa?
Te llamó el corazón toda la noche,
Y ahora que estás tú, tu carne y tu alma
¿Qué he de fijarme en lo que has hecho ayer?
¡Qué importa!
Ven, bésame tus labios
Tus ojos y tus manos
Luego nada
¿Y tu alma?
¡Y tu alma! (Portal 2010: 49)
El poema, de influencia romántica y modernista, captura el aliento, la intensidad y la angustia del encuentro amoroso desde una sensibilidad y corporeidad femenina. Así, para José Carlos Mariátegui, Portal no se somete al canon de escritura masculina porque representa una nueva sensibilidad poética que la consagra como la primera poetisa del Perú: Potal inaugura una nueva sensibilidad en la tradición literaria peruana.
No obstante, este poema debió aparecer, primero, bajo el nombre de Vacío en el poemario Ánima absorta (1920-1924), texto que fue destruido por la misma poeta años después. Y desde entonces, el poemario ha permanecido inédito hasta la aparición de las obras completas, aunque algunos poemas fueron publicados en la revista Variedades y Mundial y en otras publicaciones de la época. La destrucción del manuscrito simbolizó su ruptura con el romanticismo y el modernismo para renacer como una poeta de vanguardia con una marcada orientación política.
Sin embargo ¿Cómo entender las complejas dinámicas que se generan en la literatura a mediados de los años veinte? ¿Qué significa estar a la vanguardia? ¿Qué entiende por vanguardia César Vallejo y por qué las critica?
Para responder a estas preguntas conviene analizar el concepto mismo de vanguardia. Se trata de un término militar francés, avant-garde, que significa la guardia de adelante y designa a los soldados que ocupan la posición más avanzada en el campo de batalla. Desde esta perspectiva, estar a la vanguardia implica concebir el campo cultural como un espacio de lucha en el que algunos actores se sitúan en la primera línea. Magda Portal encarna esa posición. En Una esperanza i el mar (1927), el yo poético asume una sensibilidad inédita en la tradición peruana:
Pero Yo Yo
frente a la vida,
yo poseo la roja manzana de la vida (Portal, 1927, p. 7).
La voz poética se instituye a sí misma mediante la repetición insistente del Yo. Esta duplicación del pronombre no constituye un mero énfasis retórico, sino un gesto de autoafirmación existencial que desafía la invisibilidad a la que la poesía peruana había destinado a la mujer. A continuación, el texto resignifica el símbolo de la manzana. Lejos de la culpa, del pecado original y de la caída de Eva, Portal transforma la manzana en emblema de identidad y posesión legítima. La manzana ya no es el objeto prohibido que se roba, sino el bien que se posee sin culpa. Su color rojo y su pertenencia a la vida la convierten en símbolo de una feminidad que integra el deseo y la tentación como dimensiones positivas de la existencia. El yo poético se afirma en la vida, no como falta moral.
Jacques Rancière señala que al sujeto denominado vanguardia se le encomendó la tarea de construir un “tejido de inscripciones sensibles totalmente alejadas del mundo de la equivalencia mercantil” (Rancière, 2005). La sensibilidad vanguardista aspiraría, pues, a crear experiencias y formas de percepción que desafíen la lógica del mercado, ese ámbito donde todo se vuelve intercambiable. Magda Portal asume este desafío no desde una autonomía estética abstracta, sino desde una poesía políticamente comprometida y militante. De este modo, se convierte en una de las primeras voces en introducir esta dimensión en la literatura peruana. En Canto proletario escribe:
Canto Proletario:
balcones a la eternidad
los ojos siguen la labor constructora
i toda la fábrica es una sola
maquinaria de empuje formidable
como un titánico organismo
que mueve «el motor maravilloso»
de los cerebros de 100 hombres unidos
el hermoso espectáculo del cerebro
i el músculo en acción! (Portal, 1927, p. 9)
En estos versos, Portal propone una doble resignificación: la de la máquina y la del cuerpo. Frente a la exaltación futurista que convierte la máquina en un fin estético y bélico en sí mismo, Magda Portal la reinscribe en un horizonte colectivo y productivo. La fábrica deja de ser un espacio de alienación para convertirse en el escenario obrero: se presenta como un organismo movido por la conciencia y la voluntad.
El motor maravilloso no es ya un artefacto mecánico, sino la inteligencia colectiva puesta al servicio del trabajo. De este modo, Portal humaniza la máquina —la fábrica es un organismo vivo— y, a la vez, motoriza al proletariado, dotándolo de una fuerza física y organizada. El cuerpo obrero se construye como una síntesis de cerebro y músculo, de pensamiento y acción. La vieja escisión entre trabajo intelectual y trabajo manual queda superada.
Pero la poesía de Portal no se detiene en lo colectivo. Incluso la subjetividad es reconfigurada desde esta nueva sensibilidad vanguardista. A diferencia del futurismo italiano, que convierte la máquina en un fetiche estético —celebrada por sí misma, como símbolo de velocidad, guerra y poder—, Portal la reinscribe en el ámbito de lo íntimo y lo mnémico. La máquina se vuelve vehículo de la memoria y soporte de la subjetividad:
—gatos neurasténicos pasean
en los tejados del recuerdo
las lucesitas de sus ojos
como automóviles de cita (Portal, 1927, p. 12)
Los gatos, criaturas que habitan la frontera entre lo doméstico y lo salvaje, se convierten en el vehículo de la memoria. Su mirada ya no es solo felina: es la luz de unos faros que alumbran el pasado. Portal motoriza lo animal y, a la vez, humaniza la máquina. El automóvil, símbolo por excelencia de la modernidad veloz, se domestica para transformarse en un medio de transporte hacia los tejados del recuerdo. La máquina deja de ser un fetiche externo y se convierte en una extensión del yo, en un artefacto lírico que permite explorar la interioridad.
Queda por resolver la cuestión de la vanguardia en Vallejo. Llegados a este punto, resulta indispensable distinguir entre estar a la vanguardia y las vanguardias históricas. Magda Portal es, sin duda, una poeta de vanguardia: amplía el campo de lo visible y de lo decible —en términos de Rancière— al incorporar sensibilidades inéditas en la tradición literaria peruana. Su poesía da voz a una subjetividad femenina que se apropia de la vida sin culpa, canta al proletariado y explora los pliegues de la memoria íntima a través de imágenes modernas.
Lo que Vallejo critica, casi al mismo tiempo que aparece el texto de Portal, son las llamadas vanguardias históricas —desde el futurismo hasta el dadaísmo— y sus seguidores latinoamericanos. Para Vallejo, estos epígonos carecen de una identidad americana y se limitan a repetir, como ecos, los postulados europeos. La crítica vallejiana apunta, pues, a la imitación acrítica, no a la innovación genuina.
Desde esta perspectiva, Portal se revela precisamente como lo opuesto a una caja de resonancia europea. Ella resignifica la imaginería futurista: no celebra la guerra ni la velocidad por sí mismas, sino que pone la máquina al servicio de lo colectivo y lo productivo, y también de lo íntimo y lo subjetivo. La máquina, en su poesía, deja de ser un fetiche para convertirse en una extensión del yo y en un artefacto que permite explorar tanto la lucha de clases como la interioridad más personal.
Así, la aparente contradicción entre el juicio de Vallejo y la celebración de Mariátegui se resuelve: Magda Portal encarna una vanguardia que no es mera copia de modelos foráneos, sino una reescritura original y situada de los lenguajes modernos. Su poesía demuestra que es posible estar a la vanguardia sin caer en lo que Vallejo denuncia, precisamente porque en ella la innovación formal aparece inseparablemente unida a una nueva concepción de la subjetividad femenina y de la lucha política.
BIBLIOGRAFÍA:
Mariátegui, J. C. (1928). Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana. Editorial Minerva.
Portal, M. (2010). Obra Poética Completa. Fondo de Cultura Económica
Portal, M. (1927). Una esperanza i el mar. Editorial Minerva.
Rancière, J. (2005). Sobre políticas estéticas. Servei de Publicacions de la Universitat Autònoma de Barcelona.
Vallejo, C. (1927, 7 de mayo). Contra el secreto profesional: A propósito de Pablo Abril de Vivero. Variedades, (1001).

