KIKIFF (1924)
Alejandra Monterroso Universidad Internacional de la Rioja (UNIR)
Si bien todas las cosas tienen forma, no todas encuentran un sentido en la vida. Son pocos quienes se atreven a cuestionar y a forjar un criterio propio al momento de trasladarlo al lenguaje. Aunque la ciencia se ha interesado constantemente en ofrecernos una idea de progreso vinculada al avance de la civilización, con frecuencia son las humanidades las que adoptan una postura más crítica respecto al impacto de las ciencias en nuestra vida cotidiana. Es precisamente en esta relación donde se inserta la figura de Héctor Velarde (14 de mayo de 1898 – 22 de diciembre de 1989): arquitecto de profesión, pero también escritor y pensador atento a los cruces entre arte, técnica y modernidad.
Podría pensarse que su incursión en la literatura respondió al deseo de plasmar no solo sus divagaciones como arquitecto, sino también su reflexión frente a la ciencia y el progreso, un debate especialmente intenso a inicios del siglo XX. No es casual que la tesis de maestría publicada en 2015 por Marta Susana Cisneros Velarde, titulada Héctor Velarde: equilibrio y proporción de tiempo y espacio entre lo clásico, la tradición y la modernidad, identifique precisamente estas tensiones como eje central de su pensamiento.
Entre sus textos más conocidos destaca La perra en el satélite (1958), obra que alude a Laika, el animal enviado al espacio por la Unión Soviética. Con un tono satírico, Velarde articula distintos escenarios para reflexionar sobre la condición humana y el entusiasmo tecnológico de su tiempo.
Hijo del diplomático Hernán Velarde Diez Canseco, pasó parte de su infancia y juventud en el extranjero, residiendo en ciudades como Petrópolis, en Brasil, y Lausana, en Suiza, donde cursó estudios secundarios. Posteriormente culminó su formación como ingeniero-arquitecto en la École des Travaux Publics du Bâtiment et de l’Industrie, en París. Entre 1921 y 1924 vivió en Buenos Aires, etapa en la que se vinculó con círculos intelectuales y autores como Bioy Casares y Florencio Escardó; es allí donde escribiría Kikiff. Más adelante desempeñó labores diplomáticas en Estados Unidos y participó en congresos internacionales de urbanismo. En 1926 se incorporó a la Sociedad de Ingenieros del Perú y, tras contraer matrimonio en París con Leonor Ortiz de Zevallos en 1927, regresó definitivamente al Perú en 1928.
De vuelta en Lima inició su labor docente como profesor de Historia del Arte en la Escuela Nacional de Bellas Artes. En 1932 comenzó a dictar Historia de la Arquitectura en la entonces Escuela Nacional de Ingeniería —hoy Universidad Nacional de Ingeniería— y también en la Escuela Militar de Chorrillos, además de ejercer la docencia en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Aunque publicó numerosos textos de carácter arquitectónico, nunca abandonó la escritura ensayística ni la crítica de arte en diversos periódicos. Su estilo se caracterizó por un humor fino y una mirada aguda sobre la sociedad, abordando tanto problemáticas urbanas —como el deterioro de edificaciones limeñas— como la escasa conciencia en torno a la preservación del patrimonio arquitectónico.
Su sello personal puede apreciarse en obras como el Club Regatas, el Hotel Maury, los baños de Miraflores y el antiguo mercado del mismo distrito. Esta preocupación por la forma y la proporción también se traslada a su producción literaria y a sus incursiones en reflexiones de corte filosófico, donde dialogan lo clásico, la sátira y la tensión entre ciencias y humanidades. Velarde se mueve así entre públicos diversos: para algunos resulta un inadaptado; para otros, una figura deslumbrante.
En este contexto surge la pregunta: ¿quién es Kikiff? Personaje que da nombre al texto publicado en 1924, ¿es un científico, un literato, un arquitecto o un ingeniero? La obra presenta el recorrido vital de un joven moscovita desde su nacimiento hasta su muerte, introducido desde el inicio mediante una caracterización inicial que revela el tono humorístico de Velarde: “siendo niño jamás dio el menor indicio de lucidez (…)” (Velarde, 1924, p. 13). A lo largo de su formación en Suiza y sus múltiples desplazamientos, Kikiff atraviesa situaciones desafortunadas, gana y pierde prestigio académico y obtiene patrocinadores y espacios públicos para exponer sus ideas sobre ciencia, historia, literatura, arquitectura y filosofía.
El personaje encarna la noción de progreso entendida como acumulación de saberes, pero también como paradoja. Incursiona en distintas disciplinas, vive episodios amorosos y tragedias personales, es acusado injustamente, encarcelado, liberado y nuevamente reconocido. Su vida se presenta como una sucesión azarosa de ascensos y caídas que Velarde utiliza para satirizar la fe ciega en la modernidad. Los prólogos de Clemente Palma y Ventura García Calderón subrayan precisamente ese humor fino y su relevancia dentro del panorama literario de la época. La obra concluye con unos tratados hallados en uno de sus pantalones 23 días después de su fallecimiento.
Diversos estudios posteriores han retomado la figura de Kikiff, aunque no siempre con precisión. Un ejemplo de ello es la tesis sobre Ricardo Palma realizada por Osmar González, en la que se sitúa erróneamente la muerte del personaje en Lima. Incluso entre fuentes cercanas a la época pueden encontrarse discrepancias: Clemente Palma, en una nota publicada en Variedades en 1924 —texto que además aparece incorporado en la edición del libro— señala que Kikiff muere en el Perú. Por su parte, la carta de Francisco García Calderón, fechada en París ese mismo año e igualmente incorporada en la edición del libro, evidencia la intención humorística de Velarde y sitúa el desenlace del personaje en Rusia, además de destacar episodios significativos como el tratado sobre la nariz de Cleopatra.
Esta idea de modernidad no se limita a la ficción literaria, sino que atraviesa también la producción arquitectónica de Velarde. Como señalan Fabbri, Montestruque y Maqueira (2012), en su artículo “Historia del campus de la Universidad de Lima: el proyecto fundacional de Héctor Velarde y la planificación moderna en el Perú”, puede observarse “una consolidación en su arquitectura moderna, a pesar de haber sido un personaje que se encontró en la etapa de transición entre la arquitectura academicista y la moderna” (p. 103).
Del mismo modo, la tesis de Marta Susana Cisneros Velarde (2015) resulta fundamental para comprender la postura crítica de Héctor Velarde frente a la noción de progreso. La autora indica que, para él, la moda se encuentra estrechamente vinculada al progreso y a la cultura de consumo (p. 132). Sin embargo, también advierte su rechazo a una idea de progreso acrítica, particularmente aquella asociada a la velocidad y a la fascinación tecnológica de la cultura norteamericana, pues —como señala Cisneros— “este concepto de progreso homogeneiza todo, destruye el pasado y la tradición”, cuestionando así la progresiva pérdida del ser peruano (2015, p. 37).
Asimismo, Cisneros sostiene que el hombre moderno, inmerso en un ritmo de vida acelerado, tiende a perder sensibilidad frente al mundo sensible, volviéndose “impermeable e indiferente” ante los estímulos estéticos (2015, p. 137). Esta observación dialoga directamente con la construcción del personaje de Kikiff (1924) y con la sátira que Velarde desarrolla en torno al entusiasmo moderno.
Respecto a su formación, Cisneros también destaca que su educación europea “le dio el sentido de la escala y una fuerte preocupación por las nuevas metodologías constructivas”, pero que fue sobre todo “el espíritu abierto, fruto de esos procesos de cambio”, lo que caracterizaría su producción arquitectónica y teórica tras su retorno al Perú en 1928 (2015, p. 58).
En ese sentido, el texto de Kikiff (1924) permite comprender los conceptos que Héctor Velarde desarrolló en torno al arte, la historia, la arquitectura, la literatura y la ciencia frente a la gran idea de progreso. A diferencia de otros autores peruanos que escribieron desde el territorio nacional buscando un proyecto de nación, Velarde lo hace desde el humor y la ironía, cuestionando los discursos dominantes de inicios del siglo XX. Su literatura revela así una búsqueda de lo propio articulada con una mirada crítica hacia la modernidad.
BIBLIOGRAFÍA:
Cárdenas Arzapalo, M. A. (s. f.). La formación tecnológica en su temprana obra moderna. Galería Arquitectura PUCP. Recuperado el 11 de febrero de 2026 de https://galeria-arquitectura.pucp.edu.pe/exposicion/buscando-a-velarde/la-formacion-tecnologica-en-su-temprana-obra-moderna/
Cisneros Velarde, M. S. (2015). Héctor Velarde: equilibrio y proporción de tiempo y espacio entre lo clásico, la tradición y la modernidad [Tesis de maestría en Historia del Arte Peruano y Latinoamericano, Universidad Nacional Mayor de San Marcos]. Repositorio de Tesis UNMSM. https://hdl.handle.net/20.500.12672/4125
Fabbri García, M., Montestruque Bisso, O., & Maqueira Yamasaki, Ángeles. (2013). Historia del campus de la Universidad de Lima: el proyecto fundacional de Héctor Velarde y la planificación moderna en el Perú. Dearq, 1(13), 98-111. https://doi.org/10.18389/dearq13.2013.08
Gonzales Alvarado, O. (2023). Ricardo Palma, la vida más larga. Aula Palma, 20(20), 169-182. https://doi.org/10.31381/ap.v20i20.4452
Velarde Bergmann, Héctor. (1924). Kikiff. Editorial “Garcilaso”.
